domingo, 19 de octubre de 2014

Crónicas niponas 34: Epílogo.

7 de agosto de 2013. Día 16. Tokyo – Roma – Madrid

EPÍLOGO:
DE VUELTA DEL OTRO LADO DEL MUNDO


Escribí las últimas líneas de este diario mientras volábamos hacia Roma, donde haríamos escala para llegar hasta Madrid.

Recuerdo que mientras miraba el mar de nubes desde la ventanilla, intentaba poner en palabras lo que había supuesto para mí aquel viaje. No lo conseguí, y aun hoy, cuando escribo esto, más de un año después de regresar, me cuesta poner por escrito tantas sensaciones como me dejaron aquellos días.

Muchas veces me han preguntado cuál ha sido mi viaje favorito, el que más me ha impresionado de todo los que he hecho. Es una cuestión muy difícil, pues a estas alturas ha habido muchos de los que guardo un recuerdo muy especial, por un motivo u otro. Pero de lo que estoy seguro es que en cualquier lista que haga, Japón siempre estará entre los primeros.

La cultura, la gente, las ciudades, los paisajes, la comida... cualquier motivo es bueno para visitar Japón y cualquiera es bueno para volver. Porque no tuvimos suficiente. Aún quedan más viajes por delante. Ésta fue la historia del último.


sábado, 18 de octubre de 2014

Crónicas niponas 33: Tokyo. Asakusa.

6 de agosto de 2013. Día 15. Parte III. Tokyo (東京都). Asakusa (浅草).

CAPÍTULO TRIGESIMOTERCERO:
DESPEDIDA EN ASAKUSA


Cuando nos empezaron a acribillar los agresivos mosquitos tokyotas, supimos que había llegado la hora de marcharnos de Odaiba. Como los restaurantes cerraban pronto, queríamos llegar lo antes posible a Asakusa, para cenar por allí.

Fuimos rápidamente a buscar refugio al monorraíl, tarareando la canción mientras cruzábamos el inmenso Rainbow Bridge. Desde la ventanilla se veían a los oficinistas tras las ventanas de los rascacielos echando horas en el trabajo.

Hicimos el transbordo en Shimbasi, siguiendo a una chica que bailaba con movimientos robóticos mientras andaba. Todo normal. Llegamos a Asakusa y buscamos un restaurante para nuestra última cena nipona. Como no podía ser de otra manera, tomamos sushi, nigiri en cantidades y brochetas de gambas. Lo acompañamos con sake tibio.

Recordando los momentos vividos durante todos aquellos días en Japón, nos fuimos paseando hasta el gran templo de Asakusa, con su característico farol rojo. Fue allí donde empezamos nuestro periplo y fue allí donde lo terminamos. Fue allí donde Ruth lloró por tener que dejar Japón, donde decidimos volver alguna primavera, donde nos abrazamos y donde nos despedimos del país, enamorados para siempre de esta tierra, de su gente y de su cultura.


Crónicas niponas 32: Tokyo. Odaiba.

6 de agosto de 2013. Día 15. Parte II. Tokyo (東京都). Odaiba (お台場).

CAPÍTULO TRIGESIMOSEGUNDO:
ODAIBA


Subimos al monoraíl de la línea Yurikamome para ir a Odaiba. Cantando mentalmente la mítica “monoraaaaaaíl, monoraaaaaíííl!” de Los Simpson, circulamos por la vía elevada entre rascacielos. Llegamos hasta el Puente Rainbow, un enorme puente colgante de casi 1 kilómetro de longitud que una la isla artificial de Odaiba con el resto de Tokyo.

Nuestra primera idea había sido cruzarlo a patas, pero nos empanamos y nos pasamos la parada. Así que cuando llegamos a Odaiba cogimos de nuevo el tren una parada hacia atrás. Pero entonces pensamos que iba a ser una caminata de la hostia y que además el paseo peatonal iba junto a la horda de coches que iban expulsando humo. De modo que nos arrepentimos y al cabo de unos minutos cruzábamos por tercera vez el puente. Unas vueltas extremadamente monguer, pero que al no haber salido por los tornos en ninguna ocasión, nos salían gratis. La gilipollez nos sirvió para disfrutar de las fantásticas vistas a la bahía, por lo menos.

Cuando llegamos definitivamente a Odaiba, comenzó a llover enseguida, así que hubimos de buscar refugio en un megacentro comercial. En el interior del edificio podía encontrarse un sinfín de tiendas, restaurantes, museos, incluso parques de atracciones. Como de costumbre,  estaba atestado de japoneses que paseaban, disfrutaban y compraban, compraban sin parar. Es el país más consumista que he visto, con diferencia.

Salimos del edificio cuando pensábamos que la lluvia había cesado de caer. Pero en un instante estábamos corriendo hacia la terraza cubierta de un bar donde pasamos el rato tomando unas cervezas.

En un momento dado, Ruth fue a buscar el baño y desapareció por unos 20 minutos. Yo ya estaba preocupado, pero no me podía mover del sitio por si aparecía. Por fin apareció, con cara de susto.

Por fin había parado de llover, así que pudimos disfrutar de unas vistas geniales de la bahía de Tokyo mientras el sol se ponía sobre la ciudad. Las nubes se teñían de tonos anaranjados y ocres. Al caer la noche, se iluminó el Rainbow Bridge. Frente a nosotros, contemplaba el espectáculo una réplica de la Estatua de la Libertad. Copiar, adaptar y mejorar es una de las más arraigadas costumbres niponas. Y a la vista está que lo hacen estupendamente.

A nuestra espalda se alzaba el futurista edificio de la Fuji TV con su esfera mirador. La noche llegó y las luces del puente fueron acompañadas por las de los barcos que surcaban la bahía con el telón de fondo de los rascacielos. Aquel atardecer mirando a Tokyo era la mejor forma de despedirnos de Japón.

sábado, 4 de octubre de 2014

Crónicas niponas 31: Tokyo. Ginza

6 de agosto de 2013. Día 15. Parte I. Tokyo (東京都). Ginza (銀座).

CAPÍTULO TRIGESIMOPRIMERO:
GINZA Y EL EDIFICIO SONY


Había llegado el temido último día de nuestra aventura nipona. Pensábamos aprovecharlo todo lo posible y salimos rápidamente del hostel parando en el 7-eleven a comprar cerdadas para desayunar.

Ya no teníamos JR Pass, así que pillamos el metro con la Asakusa Line hasta el barrio de Ginza. A primera vista no me llamaba la atención mucho porque es el barrio de lujo de Tokyo, donde se encuentran tiendas de las grandes marcas que no me importaban una mierda.

Pero lo que sí merecía la pena es la visita al edificio Sony. Básicamente es una exposición de sus últimos productos, incluyendo algunos que ni siquiera habían salido aún a la venta. Lo interesante del sitio es que puedes cacharrear con los últimos juguetes tecnológicos.



En la planta baja hay unos acuarios con todo tipo de peces exóticos y hasta tiburones. Luego entramos ya a ver la exposición, con los últimos tablets, smartphones, cámaras... Paso de describir mucho para no hacer un artículo que va a quedar obsoleto dentro de cinco minutos. De hecho, estoy pasando este diario a digital más de un año después del viaje, y muchos de los productos que entonces aún no habían salido en Japón, ya han llegado a las tiendas del resto del mundo.

Salimos del edificio Sony y paseamos por la avenida principal entre edificios y tiendas de marca donde el común de los mortales sólo puede mirar los escaparates. Llegamos a la intersección con la torre del reloj Wako y nos dirigimos a la cercana estación de Shimbashi, donde comimos sendos platos de udon.

Crónicas niponas 30: Tokyo. Akihabara

5 de agosto de 2013. Día 14. Parte II. Tokyo (東京都). Akihabara (秋葉原).

CAPÍTULO TRIGÉSIMO:
UNIVERSO OTAKU


Cogimos el metro y nos bajamos en la Electric Town, el centro del universo otaku y para mí, uno de los imprescindibles que no hay que perderse en un viaje a Japón. No hay lugar igual en todo el mundo.

Comimos en un kaiten-sushi y pasamos el resto de la tarde dando mil vueltas por la inacabable Akihabara y entrando en un millón de tiendas. Cuando estuvimos la primera vez, recién aterrizados en Japón, nos pilló el día lluvioso y cansados del viaje. Nos quedamos con ganas de sacarle más jugo. Esta vez tendríamos oportunidad de desquitarnos.

Pasamos las horas viendo infinitas tiendas de manga, videojuegos y coleccionables de todo tipo. Compramos cien frikadas y disfruté, por primera vez en mi vida, de ver tiendas. Nos llevamos sobre todo, mangas y figuritas. No quiero repetirme porque ya hablé de Akihabara en el primer capítulo de este diario, que quiero acabar algún día.







Para despedirnos de Electric Town, paramos a tomar una cerveza frente a la tienda oficial de AKB48, el grupo de idols que hace furor en Japón.

Sin duda disfrutamos mucho esta última visita y pasamos una tarde genial. Nos despedimos de aquel barrio inolvidable antes de regresar a Kuramae. De vuelta al barrio, cenamos por allí cerca y más tarde nos quedamos en el bar a tomar unas cervezas.