miércoles, 2 de julio de 2014

Crónicas Niponas 20: Fushimi-Inari

31 de julio de 2013. Día 9. Parte III. Fushimi-Inari-taisha (伏見稲荷大社).

CAPÍTULO VIGÉSIMO:
EL TEMPLO DE LAS MIL PUERTAS


Llegamos a Fushimi-Inari con el ocaso. La luz era perfecta.

Nada más salir de la estación, encontramos el primer torii, al que pronto sucedieron muchos más, cada vez a menor distancia unos de los otros. Al lugar se le conoce como el templo de las mil puertas. Y no se trata de una exageración, rollo ciempiés. En este caso el número sí se ajusta a la realidad, ya que el templo tiene más de 1.000 toriis.




Los angostos túneles formados por puertas rojas, se extienden desde el pie de una colina y se adentran entre la espesura del bosque. Por la hora que era, tuvimos la suerte de tenerlo prácticamente para nosotros solos. Era una pasada recorrer el camino bajo los toriis rojos, bañados por la luz del atardecer. Únicamente escuchábamos nuestros pasos y los sonidos del bosque. El murmullo de los arroyos y el canto de los pájaros nos acompañó a lo largo de toda la caminata.

Recorrimos senderos bajo puertas y puertas, pasando junto a pequeños santuarios siempre vigilados las omnipresentes estatuas de zorros o kitsunes. Kitsune es el espíritu del bosque que adopta forma de astuto zorro para proteger el bosque y la aldea de turno. Entre sus habilidades mágicas, destaca la capacidad de tomar forma humana. Concretamente, en la mitología japonesa el kitsune tiene predilección por la forma de una mujer joven y lozana, por lo que no faltan las historias de enredos amorosos.



Anduvimos hasta llegar al fin de los toriis. Los caminos continuaban perdiéndose entre árboles. Pero la noche ya había caído y nos dimos la vuelta por el temor a perdernos. Bajo las estrellas y ocasionales faroles que daban vida a los toriis, regresamos bajo las inacabables puertas rojas hasta salir del santuario.





Fue una experiencia increíble, uno de esos lugares que parece que sólo puedan existir en la imaginación. Pero estas cosas existen en Japón.

Volvimos a Kyoto, donde pasaríamos nuestra última noche antes de seguir viajando hacia el sur del país.