sábado, 25 de enero de 2014

Crónicas Niponas 14: Kyoto. Gion

28 de julio de 2013. Día 6. Parte II. Kyoto (京都市). Gion (祇園).

CAPÍTULO DECIMOCUARTO:
LAS GEISHAS INVISIBLES


Paseamos junto al río hasta llegar al famoso barrio de Gion, uno de los lugares más famosos de Kyoto y hogar de geishas. Recorrimos sus encantadoras callejuelas, admirando las bonitas casas tradicionales, con la cámara siempre a mano por si teníamos la suerte de cruzarnos con alguna geisha.


Pero ver geishas, incluso allí en Gion, es harto complicado, casi imposible. Deben de estar hartas del acoso de turistas y sólo se las puede ver cuando salen furtivamente a hacer algún servicio. Pasaron las horas y sólo apareció la lluvia, que nos acompañaría el resto de la tarde. El barrio comenzó a cobrar más encanto entonces, cuando los turistas empezaban a desaparecer y las calles de Gion recobraban ese aire atemporal y misterioso que te transportaba a otras épocas.








Los faroles se encendieron y tras cada puerta que se entreabría esperábamos ver siempre alguna geisha o maiko. Seguimos paseando sin rumbo y finalmente nos contentamos con perdernos entre las calles del histórico distrito.

Fuimos al santuario de Yasaka-jinja, donde estaba teniendo lugar una festividad religiosa y durante toda la tarde salían y entraban procesiones con enormes antorchas ardiendo. Al caer la noche continuamos el paseo por Gion por la zona de Shimbashi, una preciosa calle junto a un canal bordeado por cerezos.

La oscuridad únicamente se atenuaba por los faroles dispersos. La lluvia intermitente no pudo aguarnos la visita, que fue una de las que más disfrutamos de Kyoto. Gion es el barrio japonés que uno imagina al planear el viaje por el país. Un lugar al que hay que volver.







Cuando nos cansamos, decidimos ir caminando dirección al albergue. Pasamos por una pequeña acampada de protesta, cosa rara de ver en Japón. Nos pusimos a hablar con una chica de los acampados, que nos explicó por qué estaban allí. Se trataba de de una protesta por la ocupación militar en Okinawa, donde hay varias bases militares estadounidenses. Al volver me estuve informando y al parecer las manifestaciones por la ocupación del archipiélago son periódicas. La población no olvida numerosos incidentes protagonizados por las tropas, como casos de abuso y violación de las mujeres locales.

Nos despedimos de los acampados deseándoles suerte y seguimos nuestra larga caminata. Llegamos a las galerías comerciales Teramachi y Shinkyogoku, donde compramos algunos souvenirs y estuvimos viendo los carteles de unos cines. Echaban algunos de los últimos blockbusters estadounidenses como Man of Steel y World War Z, pero principalmente se trataba de películas japonesas y de anime.





Desde allí ya regresamos al albergue, pasando antes por el supermercado a por unos tallarines para cenar. Me gustaría decir que recuerdo este día por ser en el que vimos a una geisha, pero después de la tarde en Gion ya dudo de su existencia.

Crónicas Niponas 13: Kyoto. Ginkaku-ji

28 de julio de 2013. Día 6. Parte I. Kyoto (京都市). Ginkaku-ji (銀閣寺).

CAPÍTULO DECIMOTERCERO:
EL PABELLÓN DE PLATA Y EL SENDERO DE LA FILOSOFÍA


Nos despertamos un poco tarde y abrumados por todo lo que había para ver en Kyoto. Salimos del hostel con nuestro plano de la ciudad y la imprescindible guía de autobuses.  Habíamos decidido empezar por el templo de Ginkaku-ji, el pabellón de plata. Así que fuimos a la parada de autobús que nos habían indicado en el hostel, Shijo Kawaramachi.

Compramos 2 abonos para todo el día y entramos en el autobús. El aviso de apertura de puertas decía “arriba las palmas”. Nos bajamos en la parada más cercana al templo y empezamos a subir por una empinada calle. Hacía el calor sofocante propio del verano nipón y nos detuvimos en una heladería a comprarnos unos helados verdes.

Tras el rápido desayuno, entramos en el complejo del templo. Paseamos entre altos setos, jardines zen rastrillados y estanques. El privilegiado lugar del templo, rodeado por aquellos bellos jardines, hace de su visita un muy bonito paseo. Mandado construir en 1482 por Ashikaga Yoshimasa, su intención era la de recubrir el pabellón de plata para emular a su abuelo Ashikaga Yoshimitsu cuando creó el pabellón dorado del templo Kinkaku-ji. Sin embargo las guerras y la falta de dinero impidieron recubrirlo, por lo que de plata sólo se quedó con el nombre. Aun así, merece mucho la pena y es uno de los lugares más visitados de Kyoto.






Nos adentramos por el Tetsugaku-no michi, o sendero de la filosofía. Se llama así porque el filósofo Kitaro Nishida solía recorrerlo diariamente para meditar y poner orden en sus pensamientos. Es un camino que transcurre junto a un canal, bordeado de cerezos. Era un paseo muy tranquilo y relajante con el único sonido del agua. Nada del otro mundo, pero durante el sakura con los cerezos en flor debe de ganar mucho. No nos cruzamos con muchos paseantes, más que numerosos gatos que dormían la siesta bajo los setos o encaramados a las ramas de los árboles.




Seguimos el camino junto al canal durante unos 2 kilómetros hasta llegar al templo Eikando. Consultamos la compleja guía de autobuses y fuimos a la parada más próxima a coger a uno que nos llevara a la parada más cercana a la zona de Gion, que íbamos a visitar por la tarde. Comimos en una cafetería donde probé la ternera al estilo coreano. Después de reponer fuerzas nos dirigimos hacia Gion, barrio de geishas.