viernes, 27 de diciembre de 2013

Crónicas Niponas 12: Kyoto

27 de julio de 2013. Día 5. Parte III. Kyoto (京都市). Kawaramachi (河原町).

CAPÍTULO DUODÉCIMO:
LLEGADA A KYOTO


Viajamos hacia Nagoya. En la estación de esta ciudad sólo permanecimos unos minutos para realizar el transbordo al shinkansen a Kyoto. Como de costumbre, el viaje en el tren bala se nos pasó en un suspiro.

Llegamos a Kyoto al anochecer. En la concurrida estación, nos peleamos con las máquinas de los billetes del metro. Las pantallas, a diferencia de las de Tokyo, no eran táctiles y los botones no tenían traducción al inglés. Tuvimos que hacer uso del clásico cacharrófono para pedir asistencia. Un empleado de la estación vino corriendo, no hacía falta la urgencia pero en Japón son así. Con su ayuda, sacamos nuestros billetes a la estación de Shijō.

Salimos del metro al mundo exterior un poco desorientados. Tratamos de ir al hostel Khaosan. No era nada fácil de encontrar y nos perdimos un par de veces.

Por fin encontramos nuestra nueva morada. Hicimos el check-in y salimos de nuevo a la calle para ir al supermercado que había al lado a comprarnos cosas para cenar. Compramos unos platos preparados y unas cervezas. Cenamos en el comedor sala común. Era bastante grande y contaba con mesas, tele y sofas sobre el suelo de tatami. Curioseé la librería de manga, donde tenían la colección completa de los tomos de Death Note.

Mientras cenábamos, conocimos a un catalán llamado Jordi. Estuvimos hablando con él un buen rato e intercambiando consejos sobre Japón y Kyoto. Bueno, realmente fue más recibir consejos que intercambiar, ya que era la segunda vez de Jordi por tierras niponas.

Al hacerse tarde, nos fuimos a pegar unas duchas y nos retiramos a la habitación. Aprovechamos el wi-fi para ir preparando la visita a Kyoto y nos fuimos a dormir.

Crónicas Niponas 11: Takayama

27 de julio de 2013. Día 5. Parte II. Takayama (高山市).

CAPÍTULO UNDÉCIMO:
UN PASEO POR TAKAYAMA


De vuelta de Shirakawa-go, aún nos quedaba tiempo para visitar decentemente la ciudad de Takayama, situada entre las montañas de los Alpes Japoneses. Dedicamos el resto de la mañana a pasear por las agradables calles entre las casas de madera tradicionales. Éstas albergaban restaurantes, tiendas e infinidad de destilerías de sake, producto típico de la región.









Siendo sábado, las calles principales estaban bastante llenas de turistas japoneses, que compraban cargamentos de sake y comían unas brochetas que vendían en unos puestos callejeros. Tomamos ejemplo en la comida, aunque para resguardarnos del intenso calor nos metimos en un izakaya y así también degustar unas cervezas bien frías.

Después dimos un paseo junto al río, junto a sus apacibles orillas algunas parejitas hacían picnic y se daban algún arrumaco que otro aprovechando lo tranquilo del lugar, cosa bastante rara para los japos de hacer en público.

Cuando se acercó la hora de nuestra marcha, volvimos al hostel a por las mochilas y nos despedimos de los simpáticos dueños del hostel antes de irnos a la estación de trenes.

Crónicas Niponas 10: Shirakawa-go

27 de julio de 2013. Día 5. Parte I. Shirakawa-go (白川郷).

CAPÍTULO DÉCIMO:

SHIRAKAWA-GO

Nos levantamos pronto para nuestra ansiada excursión a Shirakawa-go. El cielo era azul y nosotros felices. Recogimos los macutos para hacer el checkout, aunque nos dejaron guardarlos en el hostel hasta que nos fuéramos a Kyoto por la tarde. Rápidamente compramos unos zumos y dulces para desayunar en el Family Mart de enfrente de la estación. Entonces nos fuimos corriendo al autobús que ya esperaba por las inmediaciones.

La simpática guía era una joven llamada Ayumi. Durante el trayecto, nos fue contando curiosidades de la zona de Hida y más concretamente de Shirakawa-go. Hacia allí viajábamos entre los impresionantes paisajes de los Alpes Japoneses. El viaje en carretera es precioso.

Al cabo de una hora, bajamos del bus en un mirador sobre el valle donde se asentaba el pueblo. Con el día despejado, las vistas eran espectaculares. Los colores verdes del valle enmarcaban las casas con tejados de paja entre arrozales. Nos hicimos unas fotos en la cima con Sarubobo, un supuesto bebé mono rojo que es el amuleto de la región.


A continuación, nos soltaron en el pueblo ya a nuestro libre albedrío. Cruzamos el puente suspendido sobre el río y empezamos a deambular por el idílico emplazamiento. Todas las casas son de estilo tradicional Gassho-zukuri. El nombre viene de Éstas se caracterizan por tener gruesos tejados de paja en ángulo muy cerrado para soportar el peso de la nieve en el crudo invierno. Además de esto, todas miran en la misma dirección, de tal modo que los rayos del sol incidan el mayor tiempo posible sobre el tejado. La uniforme distribución también obedece a la circulación de corrientes de aire, que al parecer era beneficioso para la cría de gusanos de seda, industria a la que antaño se dedicaban allí.

Paseamos entre campos de arroz y las casas de madera y paja rodeadas de flores. El lugar había superado todas nuestras expectativas, fue uno de los top del viaje por Japón. Y pensar que lo habíamos dejado fuera del itinerario... Andando por allí pensé que habría sido imperdonable que nos lo hubiésemos perdido.









Estuvimos unas dos horas caminando por el lugar, admirando las casas y paisaje y disfrutando del aire puro que se respiraba. Volvimos al autobús muy contentos tras la visita y Ayumi nos ofreció té helado. Después dormitamos un poco de vuelta a Takayama.