lunes, 14 de enero de 2013

Ciudad de cristal 07 - Quinta avenida, Bryant Park y la vuelta a casa

5 de enero de 2013. Día 7.
QUINTA AVENIDA, BRYANT PARK Y LA VUELTA A CASA


Abandonamos nuestro querido zulo e hicimos el checkout. Dejamos las mochilas en el cuarto de equipajes del hostel y nos fuimos a dar el último paseo por Manhattan.

Caminamos largo rato por la quinta avenida y pasamos una vez más bajo el majestuoso Empire State Building. Volvimos a Bryant Park, donde sentados en una de las mesitas públicas, contemplamos la pista de patinaje entre rascacielos. Paseamos la avenida Broadway. Disfrutamos de los últimos momentos en la gran manzana.

Paramos a comer en el restaurante Smith's, en la 8ª con la calle 44. Ya habíamos estado allí el primer día y nos había gustado, así que repetimos. Nos despedimos de Nueva York con unas clásicas hamburguesacas gigantes y volvimos hacia el albergue atravesando la siempre deslumbrante Times Square.

Metimos las maletas en un taxi y circulamos entre rascacielos hasta dejar atrás la isla de Manhattan. Lo demás es lo de siempre. La vuelta a casa. New York JFK, London Heathrow y Madrid Barajas. Y feliz 2013. Si nos dejan.



domingo, 13 de enero de 2013

Ciudad de cristal 06 - Ferry de Staten Island, Soho y Greenwich Village

4 de enero de 2013. Día 6.
FERRY DE STATEN ISLAND, SOHO Y GREENWICH VILLAGE


Engullimos uno de los gigantescos desayunos de la cafetería bajo el hostel y nos pusimos en marcha. En el metro fuimos una vez más hacia Lower Manhattan, donde estaba la terminal del ferry gratuito que comunica Manhattan con Staten Island. Esperamos al siguiente barco. Había uno cada media hora.

Una de las cosas que hace tan popular el ferry, además de las bonitas vistas del skyline neoyorkino, es que pasa frente a Liberty Island, donde se alza la Estatua de la Libertad. La isla no podía visitarse en aquel momento, ya que había sido también afectada por el reciente paso del huracán Sandy.




Pasamos frente al símbolo estadounidense por excelencia. La estatua es bastante normalita y pese a lo que pueda parecer con esos espectaculares contrapicados con música épica de las películas, es más bien pequeña. Cuando llegamos a la terminal de Staten Island, nos limitamos a bajar del ferry para volver a subir de vuelta a Manhattan, ya que no había nada que nos llamara la atención por allí.



Realizamos el trayecto inverso y pronto estábamos otra vez junto a la boca del metro de Whitehall St., donde asistimos a un espectáculo callejero de breakdance. A continuación nos fuimos hacia el Soho, con sus característicos lofts de hierro forjado y galerías de arte. Ya habíamos estado por esta misma zona en días anteriores, así que dejamos Broadway para caminar hacia Greenwich Village.

Llegamos a este barrio residencial, que pese a estar en pleno Manhattan parece de otro lugar. Las casas bajas y las calles estrechas y tranquilas definían a este lugar en el que de repente, queríamos vivir. Paseamos por las encantadoras callejuelas hasta llegar a la esquina de Bedford con Groove, donde se encuentra el edificio que durante tantos años vimos en Friends.




 

Paramos a comer en John's Pizzeria, en Bleecker Street (entre la 6ª y la 7ª avenida). El sitio era muy acogedor. En las paredes junto a las mesas de madera había colgadas fotos de actores que iban por allí, como Billy Cristal, Ron Perlman o Emma Watson. Nos encantó el sitio y fue la mejor pizza que probé en Nueva York, aunque como de costumbre no pudimos terminarla.

Después de comer volvimos al albergue. Ruth seguía con fiebre y aunque estaba aguantando paseos por NY como una campeona, no terminaba de salir de su gripazo. Por la tarde se quedó durmiendo y viendo la tele mientras yo salí un rato a hacer algunas compras.

Caminé por la calle 40 hasta llegar a la tienda de Midtown Comics, muy cerca de Times Square. La tienda era un paraíso para cualquier friki comiquero, con miles de colecciones ordenadas por editoriales y títulos, que ojeaban los clásicos lectores por la patilla. Me decanté por el último número de la colección Amazing del neoyorquino Spiderman y fui en pos de souvenirs para la familia a una tienda de Times Square.

Volví con Ruth y nos dedicamos a ver una serie protagonizada por Chandler viejuno, a leer y a dormitar. Contemplé desde nuestra ventana el Chrysler iluminado por última vez. Al día siguiente volvíamos a casa.

Ciudad de cristal 05 - Chinatown, Little Italy y musical Wicked

3 de enero de 2013. Día 5.
CHINATOWN, LITTLE ITALY Y MUSICAL WICKED


Nos levantamos tarde aquella mañana. Ruth se había pillado un gripazo y había estado con fiebre, lo que la noche anterior nos había obligado a volver en taxi desde el Rockefeller. Tiene su encanto recorrer Manhattan en el clásico taxi amarillo conducido por indio neoyorquino, pero no creo que mi febril compañera disfrutase mucho del trayecto.

En cualquier caso, empezó el día con energías medianamente renovadas y cogimos el metro a Union Square, donde había quedado pendiente una visita a la librería Barnes & Noble. Entramos en el bonito edificio de ladrillo rojo. La librería era una auténtica maravilla y el tiempo se fue recorriendo pasillos entre estanterías. Desayunamos en la cafetería en su planta superior, donde la gente leía y escribía junto a unos ventanales con estupendas vistas de la plaza.

Salí de allí con un ejemplar de la magnífica “Trilogía de Nueva York” de Paul Auster, cuyo primera historia, “Ciudad de cristal”, da título a este diario. Mientras bajamos por Broadway camino de Canal St., la espiral consumista me llevó a comprar unas zapatillas.

Nos adentramos en otro mundo. Estábamos en Chinatown, un pedazo de oriente en pleno Manhattan. Las calles respiraban ajetreo y caos entre comercios y restaurantes. Regateamos por un bolso para Ruth en una abarrotada tienda y nos perdimos entre la multitud bajo los carteles con grafías chinas.



Llegamos a Little Italy, que habiendo sido absorbido a lo largo de los años por Chinatown, queda ahora reducido a apenas una calle, Mulberry Street. Aquí se concentran un buen número de restaurantes y cafeterías italianas. Buscamos el lugar donde Vito Corleone fue tiroteado en El Padrino, mientras las naranjas rodaban por el suelo. Era el 128 de la calle Mott, pero actualmente también se la había comido el barrio chino.

Nos acercamos al templo budista Mahayana, donde un colosal Buda de 5 metros se alza frente a ofrendas en forma de frutas y rollos de la fortuna. No muy lejos de allí, fuimos a comer al Great NY Noodletown, donde según la Lonely Planet se podían probar los mejores noodles de Chinatown. La verdad es que comimos de puta madre y muy barato.

Sin estar expuesta a las frías temperaturas del exterior, la fiebre de Ruth empezó a subir y volvimos en metro al hostel, donde descansamos el resto de la tarde.

Teníamos entradas para el musical Wicked y a eso de las 7 fuimos dando un paseo hasta el Gershwin Theatre, en la avenida Broadway muy cerca de Times Square. No pensaba que fuera a ser demasiado diferente de otros musicales que habíamos visto en la Gran Vía madrileña, que la verdad es que no están nada mal. Pero efectivamente, no hay color, Broadway era otra cosa. La escenografía, actuaciones, voces... era espectacular. Como musical, Wicked me pareció muy bueno. El mejor que he visto, de hecho.



Con las canciones de las brujas de Oz en nuestras cabezas, salimos de nuevo a la calle y caminamos bajo las luces de Broadway de vuelta hacia el albergue.

viernes, 11 de enero de 2013

Ciudad de cristal 04 - Central Park y Top of the Rock

2 de enero de 2013. Día 4.
CENTRAL PARK Y TOP OF THE ROCK


Tras ingerir un abundante desayuno rico en colesterol, nos dirigimos hacia Central Park. Bajamos del metro junto al edificio Dakota, a cuyas puertas fue asesinado John Lennon. Yoko Ono sigue viviendo allí. El edificio también es muy conocido por haber aparecido en un buen número de películas, como tantos otros en Nueva York. La casa es la que aparecía en la película La semilla del Diablo.


Entrando en el Central Park, muy cerca del Dakota se encuentra el memorial de Strawberry Fields. Nos acercamos hasta el lugar, siempre rodeado de curiosos. Esperaba ver flores y demás historias, pero el mosaico estaba tal cual. Contemplamos la sencilla leyenda del centro, Imagine, esperando haber roto al fin la maldición que nos había perseguido desde Marruecos. Hacía exactamente dos años del momento John Lennnon, como se le recuerda. Cruzábamos la cordillera del Rif al son de las entrañables notas musicales de Imagine cuando nuestro coche patinó en hielo, deslizándose vertiginosamente al borde de un precipicio. Desde entonces, siempre que escucho esta canción, recuerdo el momento en que estuvimos a punto de morir.


Dejamos el fantasma de John Lennon y nos adentramos en el parque. Paseamos por la orilla del enorme lago, helado por bastantes zonas. A diferencia de las escenas a las que estamos acostumbrados por la televisión, el Central Park estaba bastante aburrido aquella mañana. Apenas había algunos turistas paseando y unos pocos neoyorquinos haciendo footing. La población de ardillas y patos resistentes al frío nos superaban en buen número. Los árboles sin hojas le daban un aire triste al parque. Decidimos que había que volver alguna primavera.



Subimos al castillo Belvedere y nos refugiamos del frío en una cafetería, antes de continuar andando hasta encontrarnos con la escultura de Alice in Wonderland. Salimos del parque para internarnos en la Quinta Avenida, pasando junto al Metropolitan y el Guggenheim, aunque no entramos en ninguno de estos museos. Queríamos aprovechar las horas de luz y no nos apetecía meternos a ver cuadros.

Por la tarde, fuimos hasta la St. Patrick Cathedral, que encontramos recubierta de andamios. Después pasamos un rato contemplando la famosa pista de hielo de Rockefeller Center, bajo el árbol de navidad. Decidimos subir al mirador, conocido como Top of the Rock. Habíamos visto Nueva York desde el Empire State por el día y nos faltaba la perspectiva nocturna. No había que aguantar tantas colas como en el Empire State, pero sí una espera de algo así como una hora hasta nuestro turno de ascensor, que empleamos vagabundeando por la galería comercial aledaña.



Llegó el momento de subir. Ruth se puso sus orejeras fashion neoyorquinas y yo mi gorro rojo de todas las fotos. Al menos esta vez la oscuridad me impediría ver mis manos moradas por el frío. El ascensor parecía una nave espacial, subiendo a las alturas entre púrpura parpadeante psicodélico a toda velocidad.

Bajamos en la planta de observación y salimos a las terrazas. Allí nos esperaban unas de las vistas más increíbles que he visto en mi vida. Ver Nueva York iluminada desde lo alto nos quitó el aliento. Enmarcado entre las luces de los edificios, apreciábamos perfectamente el gran vacío  dejado por el Central Park, allá abajo. En contraste, el fogonazo de luz donde estaba Times Square. Y de entre todos los rascacielos, resaltaba el Empire State, iluminado en rojo y verde. La noche era clara y podíamos ver el inacabable panorama de luces y cristal de la ciudad. Así es como siempre veía en mi cabeza Nueva York y así es como más la recuerdo ahora.

jueves, 10 de enero de 2013

Ciudad de cristal 03 - Broadway, Battery Park y Puente de Brooklyn

1 de enero de 2013. Día 3.
BROADWAY, BATTERY PARK Y PUENTE DE BROOKLYN


Empezamos el día y el año caminando por la avenida Broadway, desde Times Square en dirección a Lower Manhattan. Las calles estaban semidesiertas aquella mañana y los restos de confetti coloreaban el asfalto.



Paseamos hasta encontrarnos con el Flatiron Building, uno de los rascacielos más antiguos de Nueva York, de forma triangular. Seguimos bajando, admirando los edificios de la avenida, hasta que llegamos a Union Square. Era el momento de hacer un alto para desayunar. Entramos en una cafetería cuyo cartel rezaba Coffee Shop, donde comimos las mejores pancakes que he probado jamás. Estaba en la misma plaza en su lado oeste, a la altura de la calle 16.



Queríamos haber entrado en la librería Barnes & Noble, pero por ser día 1 de enero abría más tarde, así que tendríamos que dejarlo para otro día. Cruzamos Union Square por el parque del centro. Las ardillas correteaban subiendo a los árboles de ramas desnudas.



Luego entramos en una tienda Forbidden Planet, donde estuvimos curioseando cómics, merchandising y demás artilugios frikis. Ruth hizo gala de paciencia infinita ante mi indecisión en la compra de un tebeo. Poco más adelante estaba la tienda de Converse, con un mural hecho de zapatillas que dibujaba la bandera estadounidense. Muy patriótico todo. Seguimos bajando Broadway sin poder dejar de detenernos ante cualquier frikada que encontrásemos a nuestro paso. Su último trecho lo hicimos a contrarreloj, ya que habíamos quedado poco después con la prima de Ruth, que vive allí en Manhattan y nos había invitado a comer.



Pasamos por los juzgados, el ayuntamiento y así llegamos a Wall Street, sede del mal. Contemplamos con desasosiego el Stock Exchange Building y nos fuimos a casa de la prima de Ruth. Fucking awesome. Nos dieron de comer hasta reventar, como buenos italianos. Salimos de nuevo a rodar por las calles neoyorquinas.




Anduvimos hasta Battery Park y paseamos viendo atardecer sobre New Jersey, el Alcorcón de Nueva York. A lo lejos, junto a la desembocadora del Hudson podíamos ver la Estatua de la Libertad, diminuta en la distancia. El paseo estaba bastante deteriorado tras el reciente paso del huracán Sandy.



Llegamos hasta el pie del puente de Brooklyn al caer la noche. Nos incorporamos al paseo peatonal por una entrada de aspecto inquietante y cruzamos el puente, dejando detrás las luces de los rascacielos de Manhattan. De nuevo fuimos azotados por gélidos vientos nocturnos y de nuevo mis manos se acercaron a la gangrena por conseguir bonitos recuerdos fotográficos. No pasamos mucho tiempo en Brooklyn, ya que vimos que los bares estaban cerrando. Regresamos en metro a Midtown.



miércoles, 9 de enero de 2013

Ciudad de cristal 02 - World Trade Center, Queensboro bridge y Times Square

31 de diciembre de 2012. Día 2.
WORLD TRACE CENTER, QUEENSBORO BRIDGE Y TIMES SQUARE


Abandonamos nuestro zulo para empezar el último día del año. Necesitábamos ropa de abrigo, así que queríamos emplear la mañana en hacer algunas compras. Pero el frikismo fue lo primero, ya que primero caminamos hacia la tienda de la HBO, en la sexta avenida. Mi intención de hacerme con una camiseta de Game of Thrones se vio truncada, ya que de la que me gustaba sólo tenían tallas de gordos. Nos conformamos con comprar unos vasos de chupitos de los Stark y los Targaryen, que serán bien utilizados frente a próximos episodios de la serie o ante el próximo libro de Martin, si es que no muere antes que los vasos.



Nos dirigimos al Macy's, que vienen a ser unos grandes almacenes del estilo del corte inglés. Pronto descubrimos, que odiábamos tanto ir de compras en Nueva York como en cualquier otro lugar. Comprar ropa no dejaba de ser un puto coñazo y la tarjeta de descuento para extranjeros tampoco era aliciente, vistos los elevados precios del lugar. Decidimos acabar de joder la mañana e ir en busca un outlet, el Century 21. Esta alejado, así que nos estrenamos en el metro, comprando los pases de una semana.



Tras sufrir de nuevo los calores y aglomeraciones de este nuevo centro comercial, salimos de allí, aunque esta vez con unas pocas compras en las manos. No lo recomiendo tampoco. En el exterior se alzaban los nuevos edificios del World Trace Center, todos ensombrecidos por la descomunal Freedom Tower, casi terminada en el momento de nuestra visita.



Tras dar una vuelta por la zona fuimos a comer pizza a un bar cercano. Como de costumbre, lo descomunal de las porciones nos hizo imposible terminarla. Y como de costumbre también, caía la noche cuando terminamos, a eso de las cinco de la tarde.

Cogimos el metro de nuevo para ir a uno de esos rincones de Nueva York que no suelen formar parte de ninguna lista de imprescindibles. Pero desde que vi la película Manhattan, de Woody Allen, formaba parte de la mía.

Nos bajamos en Lexington con la calle 59 y bajamos por la segunda en busca de la legendaria Riverview Terrace, donde está rodada la escena más famosa de la película del tío Woody. No se puede llegar a este lugar en concreto, al ser una calle privada. Claro que en ese momento no lo sabíamos. Sólo vimos una vía cortada. Rebuscamos por las calles colindantes hasta localizar el Sutton Place Park, una pequeña placita donde ahora sí, teníamos las fantásticas vistas de Queensboro Bridge. Al parque puede accederse desde la calle Sutton Place con la 57. Tiene una escultura en mármol de un jabalí, réplica del Porcellino que puede verse en la plaza del mercado de Florencia.

Nos sentamos en uno de los bancos, disfrutando del lugar, solo para nosotros. Las luces del puente Queensboro se reflejaban en las aguas del East River, devolviéndonos a aquella escena en blanco y negro. Fue uno de los mejores momentos de aquellos días en Nueva York.



Pasaba la medianoche en España cuando dejamos el lugar. A nosotros aún nos quedaban 6 horas de 2012 y nos fuimos al hostel a descansar un rato antes de meternos en la vorágine de Times Square.

Subimos hasta la tercera avenida y recorrimos a pie las diez calles que nos separaban del albergue. Un par de horas antes de comenzar el nuevo año, nos dirigimos hacia Times Square. No podíamos acercarnos a más de una manzana de distancia, ya que estaba todo vallado y rodeado por la policía y sólo podía accederse con un pase. Era eso o no haberse movido de la plaza desde por la mañana.

Deambulando por los alrededores ya repletos de gente, y sin saber muy bien qué hacer, deambulamos por la sexta avenida entre la multitud. Al final acabamos en Bryant Park, donde se iba agolpando la gente, ya que desde allí podía verse la famosa Centennial Ball.

Aguantamos el intenso frío estoicamente, sin llegar a comprender muy bien qué hacíamos allí. Llegó la cuenta atrás con el descenso de la bola luminiscente, llegaron las doce de la noche y los fuegos artificiales. Empezábamos el 2013.



Segundos después de comenzar el nuevo año se inició un éxodo masivo. No parecía que nadie tuviera ganas de pasar más frío y la policía iba desalojando las calles. Detrás de nosotros salía el millón de personas que llenaba Times Square. Corrimos a buscar refugio y cervezas a un pub. Happy new year.

Ciudad de cristal 01 - Midtown

30 de diciembre de 2012. Día 1.
MIDTOWN


Nos despertamos temprano, quizás por las seis horas de diferencia horaria, quizás por las ansias de recorrer la ciudad. Me asomé a la ventana de la habitación. La nieve había cesado y lucía un sol que hacía brillar la corona metálica del edificio Chrysler, que asomaba entre los rascacielos de Manhattan.

Nos preparamos para el frío del exterior, con la ropa térmica, forros polares, abrigos, gorros y bufandas. Enseguida vimos que era una mala idea permanecer en la pequeña habitación más segundos de los necesarios. El exagerado calor de la calefacción central nos obligaba a tener la ventana abierta día y noche. En aquel momento, con los abrigos puestos, temimos por nuestra vida.

Salimos del hostel y empezamos a caminar, sin dejar de levantar la cabeza hacia aquellas torres de cristal que veíamos por primera vez a la luz del día. La sensación era la de estar en medio de una película. Gente dirigiéndose hacia su trabajo con cafés humeantes en vasos de papel, puestos de comida rápida, taxis amarillos y humo blanco saliendo de las alcantarillas.

En la avenida Lexington con la 42 admiramos desde abajo el majestuoso edificio Chrysler. Ya se había convertido en uno de nuestros rascacielos favoritos, y no dejábamos de fotografiarlo cada vez que lo encontrábamos asomándose entre edificios. Desde allí anduvimos hasta la estación Grand Central, con su ajetreado vestíbulo bajo el mapa de las constelaciones del zodíaco. Hicimos un alto para desayunar en una de las cafeterías de la estación antes de reanudar la marcha, esta vez hacia el Empire State Building.







Era uno de los imprescindibles de Nueva York y así lo atestiguaban las largas colas que ya salían del edificio y comenzaban a rodear la manzana. La entrada costaba 25 $. Tras más de dos horas de espera por fin subimos al ascensor. El indicador del piso cambió vertiginosamente hasta llegar a la planta 86 y salimos a la plataforma de observación. La panorámica de los rascacielos de Nueva York desde allí arriba era espectacular. La ciudad brillaba bajo el sol invernal, salvo allí donde se recortaba la silueta perfecta de la sombra que proyectaba el Empire State. Contemplamos la ciudad hasta que un gélido viento huracanado nos hizo volver al interior, con las manos casi moradas por el frío por quitarme los guantes para hacer fotos.








Nuestro paseo nos llevó después a la Biblioteca Pública de Nueva York, que recorrimos curioseando entre sus enormes salas. En sus traseras se encuentra el Bryant Park, uno de mis lugares preferidos de Manhattan. Es un precioso parque encajado entre rascacielos, con sillas y mesas para sentarse. En el momento de nuestra visita tenían instalado un mercado de navidad y una pista de hielo, donde la gente patinaba y se esmorraba de cuando en cuando.








Tras disfrutar durante un buen rato del lugar, continuamos andando hasta llegar a Times Square. Como no podía ser de otra manera, estaba abarrotada de gente. Las cientos de pantallas bailaban con los anuncios luminosos en una inigualable orgía capitalista. Paramos a comer unos sandwiches en un restaurante cerca de la avenida Broadway y dimos cuenta de unas cervezas mientras los lugareños veían el partido de la NFL.

Al salir ya era noche cerrada. Además de las pocas horas de luz, habíamos comido tarde incluso para hora española y ya nos habíamos juntado con el turno de la cena. Volvimos sobre nuestros pasos hacia Times Square, donde la luz de los anuncios hacía que pareciera pleno día. Hordas de gente, personajes disfrazados y taxis se entremezclaban bajo las luces de anuncios y carteles de musicales de Broadway.





Entramos en la increíble tienda de Disney, que ejerce una curiosa sensación de fascinación y terror a partes iguales. De ésta, pasamos al Toys'r'us, en cuyo interior se alza una enorme noria de dos plantas, un tiranosaurio de varios metros de alto que ruge y se mueve como si tuviera vida propia y reproducciones gigantes de superhéroes o de edificios de Nueva York construidos con piezas de Lego. También pasamos por la cercana tienda de M&M's, que me resultó un poco decepcionante. Chocolatinas de colores y merchandising, ¿qué esperaba?






Subimos a las escaleras rojas para tener una buena vista de la plaza y escapamos del caos y del frío dirigiendo nuestros pasos hacia el albergue Vanderbilt YMCA, en la 3ª avenida con la calle 47. De vuelta, vimos el Empire State y el Chrysler iluminados. Nueva York no dejaba de sorprendernos. Tan sólo llevábamos allí un día, pero ya sabía que la ciudad me había atrapado para siempre.