domingo, 23 de septiembre de 2012

La ruta maya 02: Cancún - Isla Mujeres - Cancún - Palenque

22 de julio de 2012. Día 2. Cancún – Isla Mujeres – Cancún – Palenque

CAPÍTULO SEGUNDO:
LA ISLA PIRATA


El amable pájaro que chillaba junto a la puerta de la habitación nos hizo madrugar en nuestra primera mañana en México. Salimos del refugio de aire acondicionado al húmedo calor que ya apretaba a aquella hora de la mañana y nos sentamos en el patio a desayunar. El desayuno era abundante, para empezar un plato de papaya, guayaba, plátano y melón con cereales y yogur. Y a continuación, lo que llamaban “tostada”, que no se trataba de pan untado sino de una tortilla con huevos revueltos y picadillo de cebolla, tomate y chile.



Tras el contundente desayuno, sacamos los macutos de la habitación para hacer el check-out. Nuestra estancia en Cancún sería breve, ya que aquella misma noche viajaríamos hacia Chiapas. Dejamos los mochilones en el hostel y nos fuimos con lo justo para pasar el día por ahí. Agarramos un taxi por 25 pesos para ir a Puerto Juárez. Cancún y su famosa zona hotelera nos interesaban bien poco y pronto huíamos de la masificación y los putos resorts con pulsera para dirigirnos en ferry a Isla Mujeres.


En la cubierta superior del ferry, nos torramos al sol mientras un músico tocaba temas de Carlos Santana. En 20 minutos llegamos al puerto de Isla Mujeres. Situada frente a la costa de Cancún, la estrecha isla debe su nombre a historias de épocas pasadas. Según cuentan, los piratas la usaban de refugio y mientras se dedicaban a saquear por la zona, dejaban allí a salvo a sus amantes.



En cuanto pisamos el atracadero, caminamos directamente hacia la playa Norte, según nos habían dicho, una de las mejores de la isla. No sabemos si de la isla, pero lo que sí supimos al llegar es que era una de las mejores que habíamos visto nunca. El lugar impresionaba a primera vista, incluso a un antiplayero como yo. Se trataba de la idílica playa caribeña, con finísima arena blanca, palmeras y aguas azules, templadas y poco profundas.





La poquísima gente era otro punto a su favor. La tranquilidad reinaba en el lugar y el paisaje hacía quedar muy lejos el trabajo y los problemas del otro lado del charco. Extendimos nuestras toallas y bártulos a la sombra de unas palmeras y nos dedicamos simplemente a disfrutar de la playa, combatiendo el calor con frecuentes baños. Ruth se dedicó a tostarse al sol mientras Belén se embutía en sus chismes de buceo.

Siendo domingo, no sólo gringos y lunamieleros disfrutaban de la playa, también familias locales disfrutaban del día comiendo y bebiendo a la sombra de las palmeras. Tras unas horas de playa, decidimos unánimemente ir a tomar unas cervezas a uno de los chiringuitos que había a lo largo de la costa. Probé una Negra Modelo mientras contemplaba el mar y las iguanas que campaban a sus anchas por la zona. El momento sólo era empañado por el chundachunda proveniente de uno de los altavoces del garito.

En previsión del viaje en autobús que nos tocaba a la noche, pagamos 10 pesos para poder usar las “regaderas” propiedad del bar y nos quitamos la sal de encima con una ducha rápida. Nos cambiamos de ropa y fuimos en busca de algún sitio para comer. Junto al mercado municipal, encontramos unas terrazas al aire libre donde se podía comer barato. Nos sentamos en una mesa a la sombra y ai viento de un ventilador. Pedimos unos totopos para compartir y yo me decanté por una enchilada con mole.

En cuanto terminamos de comer, nos fuimos al puerto para regresar a Puerto Juárez. Esta vez no hicimos el guiri y fuimos en la zona cubierta del ferry, con aire acondicionado. Mi blanquecina piel ya notaba el picor de las quemaduras del sol, a pesar de haberme embadurnado de crema por la mañana. Al llegar, negociamos un taxi y volvimos al albergue a por nuestras cosas. Belén iba cargada de historias de buceo y una tienda de campaña tras su estancia en la selva, e ignorábamos cómo podía desplazarse con aquel peso que se negaba a compartir.

Anduvimos hacia la estación de autobuses, y al cruzar la plaza de las Palapas nos encontramos con una manifestación de #yosoy132, un movimiento que lucha por una mayor democracia en el país y al que podríamos llamar el 15M mexicano. Asistimos a la lectura de un manifiesto y sacamos algunas fotos, pero en cuanto vimos a la policía armada no nos demoramos mucho más. En teoría nuestro visado impedía la participación en  cualquier manifestación de carácter político. De otro modo, nos arriesgábamos a que nos metieran en un avión de vuelta a España. Así que pese a nuestra simpatía por aquel movimiento, seguimos nuestro camino.



Compramos agua y nos metimos en la estación a esperar el bus de ADO GL hacia Chiapas. A pesar de las escasas 2 semanas que permaneceríamos en el país, queríamos aprovechar para hacer mucho más que el típico viaje a Riviera Maya.

A las 17:45 llegó nuestro autobús, que nos recibió con una temperatura más propia de otras latitudes y un refresco de bienvenida. Íbamos a pasar unas 13 horas allí, pero por suerte los asientos eran bastante reclinables y sería una ayuda para dormir. En la tele pasaron algunas películas a cual peor, y me fui durmiendo en cada una de éstas. Cenamos pan de molde untado en patés y unas barritas de cereales.

El viaje a Palenque continuó mientras la noche nos arropaba. Los baches, las selvas y algún control militar ocasional se sucedían mientras seguíamos haciendo kilómetros hacia el sur.

jueves, 20 de septiembre de 2012

La ruta maya 01: Madrid - Cancún

La ruta maya
de la selva chiapaneca a las playas de yucatán


21 de julio de 2012. Día 1. Madrid – Cancún

CAPÍTULO PRIMERO:
LA IDA


Era el año del fin del mundo. Al menos eso aseguraban conspiranoicos, pseudocientíficos, profetas new age y magufos varios. Que en 2012 se acabó lo que se daba. Que lo habían dicho los mayas. En realidad, los antiguos mayas nunca profetizaron tal cosa. La cuestión es que éstos dividían el tiempo en ciclos o batkunes. Y en teoría, el 21 de diciembre de 2012 coincide con el final del decimotercer batkun, que daría paso a un decimocuarto.

Pues nada, me apunto al carro y desde estas líneas yo vaticino que el mundo no se acabará en el presente año. Viviremos 2013 como vivimos 2012. Si acaso, un poco más jodidos. Que sí, que el mundo se va a la puta mierda, pero no en sentido literal. Esperaremos a 2013 para conocer nuevas fechas para el fin de este planeta. Dejo aquí mi profecía para las generaciones venideras y me pongo a escribir de lo que tenía pensado. Yo he venido aquí a hablar de mi viaje. De mi viaje a México. Sirva este relato de la ida (de olla) como introducción.

Nuestro vuelo de Orbest despegó a la hora prevista, apenas notando las clásicas turbulencias de Barajas. Ruth las llama flatulencias, el nombre me parece apropiado. Dejamos Madrid en la distancia y perseguimos los husos horarios iluminados por el sol mientras cruzábamos el charco hacia el continente americano.

Tras algo más de 10 horas en el aire, llegábamos a Cancún. Desde la ventanilla del avión, veíamos las playas de aguas poco profundas y la interminable línea de hoteles bordeando la costa. En un segundo, cambiamos el azul del océano por el verde de la selva y tomamos tierra en el aeropuerto.

Esperamos en las cintas de recogida de equipaje a nuestras mochilas tardías y pasamos por los controles de inmigración y aduanas. Entrábamos en México.

Salimos de la terminal y enseguida vimos a mi hermana Belén, que había venido a buscarnos. Llevaba ya unos meses en México y no la veía desde que fui a acompañarla al aeropuerto. Tras los abrazos del reencuentro nos fuimos poniendo al día mientras comprábamos  los billetes del autobús para Cancún.

El cambio de clima se hacía notar, con el permanente calor húmedo y asfixiante al que no tardaríamos en acostumbrarnos. Comenzaba a atardecer y Belén nos advirtió de que empezaba la hora de caza para los mosquitos locales, que no se andaban con remilgos. Ella, recubierta de picaduras tras venir de un campamento tortuguero, era la prueba viviente de ello.

Después de una breve espera cogimos, o mejor, agarramos, un autobús que portaba el invierno en su interior. Enseguida llegamos al centro del feo Cancún, a su moderna estación de autobuses.

Belén ya había tomado posesión de la habitación del albergue, así que nos guió a Ruth y a mí hasta éste. Era el hostel Quetzal, cerca de la Plaza de las Palapas. Soltamos los macutos y enseguida nos fuimos otra vez a la calle, en busca de un cajero donde sacar pesos mexicanos.

De vuelta al hostel, en un patio con largas mesas nos esperaba la cena y un tequila de bienvenida que nos apremiaban a beber. La cena consistía en rica carne a la parrilla, que devoramos hambrientos tras las mierdas ingeridas en el avión. La acompañamos con unas cervezas bien frías que sabían a gloria frente al sofocante calor. Charlamos con los otros huéspedes del hostel y brindamos con unos tequilas que sabían a vacaciones y aventura. Sabían, en definitiva, a México.

martes, 11 de septiembre de 2012

El Ecce Homo de Chisinau



La inspiración original del "Ecce Homo" de Borja, la encontramos hace unos días en esta escultura en Chisinau (Moldavia). Obsérvese la espesa cabellera y esos ojos de mirada profunda que tan famosa ha hecho a la restauración de Cecilia.

Si finalmente estropean la obra de Cecilia, volviendo al soso Cristo original, siempre nos quedará este Ecce Homo moldavo como recuerdo de aquella pintura que a todos nos hizo sonreír.