jueves, 10 de mayo de 2012

I'll have another Guinness, please! Capítulo 17: Londres - Stonehenge - Londres

1 de agosto de 2011. Día 17.

CAPÍTULO DECIMOSÉPTIMO:
LAS PIEDRAS MILENARIAS

El calor reconcentrado en nuestro cuchitril hizo difícil conciliar el sueño. Despertamos junto con una avispa cosmopolita que se había colado en la habitación. El momento dio pie a extrañas teorías de Ruth sobre la inquietante resurrección de estos insectos tras muerte por despachurramiento.

Compramos unos sandwiches como almuerzo y nos fuimos en metro a Picadilly, desde donde bajamos caminando por Haymarket hasta Trafalgar Square. Como todo London en verano, estaba petado. Bajo la estatua del almirante Nelson habían puesto un panel con una cuenta atrás hasta las Olimpiadas del año siguiente. Yo en verano de 2012 no piso Londres como no sea para hacer alguna escala.

Nos sentamos en unas escaleras a la sombra y luego fuimos hasta la parada del autobús que nos llevaría hasta Stonehenge. El viaje nos llevó algo más de 2 horas, aunque buena parte de éste se iba sólo en salir de Londres.

En la lejanía ya vimos el círculo de enormes peñascos alzándose en medio de las llanuras verdes. Bajamos del autobús y entramos en el complejo. Había un camino alrededor del emplazamiento, rodeado por un cordón. Rodeamos pausadamente el monumento megalítico con aquellas rocas dispuestas en círculo.

Aunque se conserva sólo una parte de las piedras que debía tener originalmente, el conjunto sigue siendo algo imponente. Aún es un misterio para qué se erigió aquello, aunque las teorías más plausibles sugieren que esto era una especie de calendario, al estar las piedras alineadas con solsticios y equinoccios. Más información, Wikipedia.

Dimos un paseo largo por la zona, escuchando las teorías y magufadas de la audioguía hasta que nos quitamos los auriculares y nos dedicamos simplemente a disfrutar del lugar.

Tras un par de horas, regresamos al autobús que nos llevaba de vuelta a Londres. El viaje de regreso nos llevó por zonas de pruebas de militares, donde hacían maniobras con tanques, helicópteros, armamento variado y demás herramientas de destrozar vidas. Luego pasamos junto al castillo de Windsor, donde paramos unos instantes.

A las 19:00 estábamos de vuelta en la capital, concretamente en Gloucester Road, desde donde cogimos un metro hasta King's Cross. Fuimos a St. Pancras a recoger los billetes del Eurostar. Al día siguiente cruzaríamos el Canal de la Mancha bajo el mar, por el Eurotúnel, con destino a Amsterdam. Seis años después de mi última visita.

Pasaríamos allí 4 días más antes de regresar a Españistán. Pero eso es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión. O no.



miércoles, 2 de mayo de 2012

I'll have another Guinness, please! Capítulo 16: Cardiff - Londres


31 de julio de 2011. Día 16.

CAPÍTULO DECIMOSEXTO:
LONDON EYE

Dado que este capítulo transcurre en la ciudad de Londres, lo típico hubiera sido titularlo, por ejemplo, London Calling. Pero basta ya. Basta de diarios y álbumes de fotos en Facebook titulados London Calling. Basta ya. Yo, en un alarde de originalidad, lo titularé London Eye, nombre de la grotescamente gigante noria que desde hace unos años forma parte inseparable del horizonte londinense. Y es que ésta era mi asignatura pendiente de nuestra anterior visita en Londres, cuando no pude montarme al estar cerrada por tareas de mantenimiento. Era enero de 2008, justo después de Navidades y la metrópoli estaba a medio gas. El panorama en verano es muy diferente.

Pero empecemos por el principio. Estábamos aún en Cardiff, desayunando en el bar del hostel. Checkout y seguimos el curso del río hasta la estación de trenes. Dormité en un asiento descoyuntador hasta que Ruth me despertó con un vociferio involuntario debido a que ella tenía los cascos puestos. Luego le entró la risa floja, lo que atrajo severas miradas de censura de serios pasajeros ingleses.

Tres horas de raíles después, llegamos a la estación de London Paddington. Nos dejamos guiar por la masa hasta el metro, donde nos enfrentamos a las máquinas de venta automática de billetes. Nos hicimos con dos pases para el día completo y cogimos un metro hasta King's Cross St. Pancras. Habíamos reservado un hostel en las inmediaciones.

Después de la tranquilidad y los paisajes de los días previos del viaje, los vagones abarrotados de metro nos devolvieron a una realidad que no queríamos recordar, la de Madrid y su puto agobio y estrés.

Emergimos al mundo exterior y rodeamos la estación de King's Cross en obras. Supusimos que la ciudad estaría manga por hombro con obras gallardonianas por las próximas olimpiadas de 2012.

Un sol sorprendentemente caluroso acarició nuestras nucas mientras buscábamos el albergue, Keystone House. Dejamos los macutos y salimos a comer a un tugurio de rico pollo frito, donde nos pusimos hasta el ojete por pocas libras. Luego hicimos una reserva por internet desde el hostel para un autobús a Stonehenge el día siguiente.

A continuación nos fuimos a pasar la tarde por la ciudad, sin grandes aspiraciones ya que esta vez estábamos sólo de paso. Volvimos al metro y cometimos error de primero de Londres al ir hasta London Bridge cuando queríamos ir a Tower Bridge. Sin embargo, la cagada no nos importó demasiado al poder disfrutar de las vistas al Tower Bridge desde allí, aunque un puto barco militar atracado en medio nos jodía todas las fotos.


Volvimos raudos hacia el metro para ir a la noria. Esta vez fuimos hasta Waterloo, desde donde andamos por el paseo fluvial, a reventar de gente en esta tarde de verano. Nos acercamos a la gigantesca London Eye, la noria más grande del mundo. Ruth analizaba con ojo crítico la estabilidad de la mastodóntica estructura para ver si se animaba a subir a las alturas del cielo londinense. Y así fue, ya que desde que había cruzado el puente colgante en Irlanda del Norte estaba desconocida con su vértigo.

Entramos al chiringuito de los tickets, donde había una cola curiosa, pero que avanzaba rápido. Nos dieron las entradas y nos empujaron hacia la 4D experience, o algo parecido. Pensaba que sería la típica proyección 3D para justificar el elevado precio de la entrada, pero me sorprendió gratamente. Consistía en espectaculares imágenes aéreas de Londres con inclemencias meteorológicas y olores incluidos.
Nos quitamos las gafas y salimos hacia la noria. La cola no fue para tanto porque entraban a la gente en las cabinas a cholón.

Ya encaramados en el London Eye, la cabina fue tomando altura sobre el Támesis y podíamos contemplar impresionantes vistas de la interminable Londres. El Big Ben y el Parlamento, Tower Bridge, Buckingham Palace, la catedral de St. Paul... La panorámica de 360 grados era extraordinaria y una forma ideal de acercarse a la capital en el poco tiempo que íbamos a estar.




Cuando bajamos a tierra firme, cruzamos el puente hacia el Parlamento y cogimos el metro hasta Camden Town. Llegamos al anochecer y fue muy decepcionante. Estaba todo más que muerto, con casi todas las tiendas y puestos cerrados, y las calles casi vacías. No era lo que esperábamos, quizás tampoco era la hora apropiada para visitarlo. Dimos un breve paseo y desanimados por el post-apocalíptico panorama, decidimos volver a King's Cross a cenar un par de pizzas en un socorrido italiano.