sábado, 21 de abril de 2012

I'll have another Guinness, please! Capítulo 15: Cardiff


30 de julio de 2011. Día 15.

CAPÍTULO DECIMOQUINTO:
TARDIS

Por deferencia a mi sana vida intestinal, una mañana más seguí mi máxima de no probar el café más arriba de los Pirineos. Desayunamos tostadas y zumo y salimos a ver la capital del pequeño país de Gales.

Cruzamos el río camino al centro de la ciudad, y nos demoramos unos minutos en el agradable parque que se encuentra en las proximidades del castillo. Rodeamos la fortaleza, aunque nos abstuvimos de entrar por el abusivo precio de las entradas. Por otra parte, llevábamos una buena tupa de castillos en este viaje, así que nos contentamos con verlo desde fuera.




Luego anduvimos por el centro de la tranquila ciudad, hasta llegar al pie de una estatua rodeada por un montón de gente leyendo en voz alta, en lo que parecía una especie de flashmob. Recorrimos las calles del pequeño casco histórico. Aparte del castillo, no hay mucho que ver en Cardiff. De hecho, lo mejor de Gales son los paisajes y las zonas más rurales, pero por escasez de tiempo esta vez nos conformaríamos con visitar su capital.


Entramos en una librería y pasamos un buen rato curioseando entre sus estantes. Poco después, comimos un par de platos de pasta en un restaurante cercano. Al avanzar la tarde, vimos cómo los pubs y terrazas de la ciudad, se iban llenando de despedidas de soltera/o, reconocibles fácilmente por disfraces, gorros, camisetas y demás parafernalia. Debía ser típico irse a Cardiff a celebrar despedidas de soltero, porque era lo más normal de ver por la calle. Y es que a la gente le gusta disfrazarse, hacer el tonto y que los demás le miren. Y antes de la boda, también.

Más tarde nos fuimos a ver la parte moderna de la ciudad, Cardiff's Bay. Anduvimos por una larga avenida hasta llegar al Red Dragon Centre, donde supuestamente había una exposición permanente dedicada a la serie Doctor Who. Es una producción de BBC Wales y sitúa muchos de sus escenarios en Cardiff. La exposición de permanente tenía poco, porque ya la habían quitado y lo único que encontramos fue un típico centro comercial con boleras, cines y bares.

Salimos de allí y fuimos hasta el próximo Millenium Centre, que acoge la ópera, auditorios y oferta cultural diversa. El edificio era de arquitectura de vanguardia y bastante chulo. Junto a éste está la amplia Roald Dahl Plass, dedicada al famoso escritor galés, nacido en Cardiff. Esta plaza también es conocida entre los whovians por ser uno de los principales escenarios donde tiene lugar el spin-off de Doctor Who, Torchwood.



La plaza estaba animada. Había puestos de comida, música y una especie de Doraemon rosa que huía de unos niños sádicos que se dedicaban a pegarle patadas y puñetazos en los costados. Los padres hacían fotos y se reían de las ocurrencias de los angelitos, que apuntaban maneras para hacer carrera en política o en el FMI.

La plaza iba a dar al puerto, rodeado de bares y restaurantes. Esa zona tiene bastante vidilla nocturna. Dimos una vuelta por allí y después nos pegamos otra buena caminata de regreso al hostel. El resto de la tarde-noche estuvimos de pintas en el bar del albergue, mientras veíamos los conciertos de unos grupillos que vinieron a tocar, primero versiones de rock y luego música celta.

Varias cervezas más tarde, nos subimos a la habitación. A las americanas que habían llegado la noche anterior, se había unido otro compañero más. Un tío extraño y taciturno que se dedicaba a entrar y salir de la habitación a intervalos de 5 minutos sin que vislumbrásemos motivo alguno para ello.

martes, 17 de abril de 2012

I'll have another Guinness, please! Capítulo 14: Edimburgo - Liverpool - Cardiff


29 de julio de 2011. Día 14.

CAPÍTULO DECIMOCUARTO:
EL CAMINO DE LOS BEATLES

Caminamos hacia la estación de Weverley por una desierta Princes St. Nuestro tren salía a las 6:52 de la mañana, y aceleramos el paso para no perderlo.

Añorábamos las vías tras tantos días viajando en autobús. El tren salió puntualmente, y dormimos mientras recorríamos millas hacia Inglaterra entre paisajes cubiertos por la niebla. Puede parecer un viaje idílico, pero la realidad es que los sonoros y hediondos cuescos de la pasajera del asiento de atrás nos acompañaron durante todo el trayecto.

Llegamos a una helada estación de Preston a media mañana. Allí debíamos cambiar a otro tren regional hacia Liverpool. Éste iba abarrotado y apenas alcanzábamos a sujetarnos a las barandillas. A nuestro lado, se sentaba un señor de unos 150 años que me recordó a Saramago. Se sentaba con la mano en el corazón y muy quieto. Tan quieto, que comenzamos a alarmarnos hasta que llegó a su parada y se bajó presto como un walking dead.

A eso de las 11 de la mañana, por fin llegamos a la estación de Liverpool. Teníamos un espacio de 6 horas allí antes de coger el siguiente tren hacia Gales. El tiempo justo para recorrer algunos de los lugares emblemáticos de los Beatles.

Dejamos las mochilas en consigna y salimos a recorrer la ciudad. Caminamos hacia el Cavern Quarter y buscamos la archiconocida Mathew Street. Allí estaba el mítico Cavern Club, además de estatuas, placas conmemorativas, tiendas para coleccionistas y demás parafernalia que acompaña al mito de los Beatles.

Entramos al Cavern Club, el conocido pub donde tocaban el grupo en sus comienzos. Aunque en realidad no es exactamente el mismo de aquellos años, ya que en los setenta fue cerrado y demolido. Éste es sin embargo una réplica bastante fiel del original. Podía verse el famoso escenario, además de un sinfín de posters y fotografías cubriendo las paredes del local.



Tras recorrer todos los rincones del Cavern y echar una ojeada por las inmediaciones de Mathew Street, seguimos andando hacia Albert's Dock, donde se sitúa un museo dedicado a la formación británica. Encontramos el lugar en uno de los edificios diseminados por el muelle. La entrada era bastante cara, 13 £ adultos y 9 £ estudiantes, incluyendo una audioguía.



El museo en sí no lo recomendaría si no se es muy fanático de los Beatles, había demasiado rollo de sus vidas personales y poco material audiovisual. Ruth, sin embargo, como grandísima aficionada a la música que es, se lo pasó en grande. Yo disfruté más por el hecho de verla y hacerle mil fotos con los enredos del museo, que por la exposición en sí.

Después de visitar el museo, volvimos sobre nuestros pasos por la zona comercial de la ciudad. Comimos en un asqueroso burguer y estábamos de regreso en la estación algo menos de una hora antes de la partida del tren. Fue tiempo suficiente para deleitarnos con un vídeo embuclado en la pantalla gigante del exterior de la estación, que mostraba a un niño repelente anunciando cereales, seguido de un trailer de una peli chunga de pingüinos pixelados con Jim Carrey.

Fuimos a recoger las mochilas de consigna, donde había un señor liándola parda con la policía, porque al parecer le habían tangado con los horarios del ticket. Recuperamos los macutos y asistimos estupefactos a la aparición de unos tíos disfrazados con trajes de tweed, que salían por una puerta directamente del pasado. Se dedicaron a sembrar el caos, primero rompiendo un cristal y luego cantando papípapaparopó de Scatman. WTF. ¿Despedida de soltero?
Huyendo de la destrucción, fuimos a nuestro andén. En pocos minutos salió nuestro tren a Crewe. El madrugón hacía ya estragos y luchamos por mantener los párpados arriba, para no pasarnos la parada. Fueron momentos jodidos. En Crewe cogimos otro tren hacia nuestro destino final, Cardiff.

Llegamos al anochecer. Salimos de la estación y cruzamos un pequeño puente con vistas al mastodóntico Millenium Stadium. Anduvimos junto al río y llegamos al hostel NosDa, donde pasaríamos un par de noches.

sábado, 14 de abril de 2012

I'll have another Guinness, please! Capítulo 13: Edimburgo


28 de julio de 2011. Día 13.

CAPÍTULO DECIMOTERCERO:
LLUVIA SOBRE EL CASTILLO

El día despertó lloviendo. Una espesa capa de nubarrones grises cubría la ciudad. Desde primera hora, el agua no dejaba de caer.

Bajamos a desayunar al buffet libre de la cafetería. Luego nos metimos en los chubasqueros y salimos. La incesante lluvia nos iba a joder bastante la visita al castillo, pero como no pasábamos más días en Edimburgo era nuestra última oportunidad.

Pasamos una media hora de cola bajo la lluvia hasta conseguir las entradas. Para entonces ya estábamos empapados, y aunque no queríamos dejarnos desanimar por las inclemencias del tiempo, aquel aguacero nos lo ponía muy difícil.

Nos dedicamos a deambular a nuestro aire por el impresionante castillo. Recorrimos la fortaleza entrando en los distintos edificios que encontrábamos, más que nada porque no podíamos permanecer mucho tiempo al aire libre. Sin embargo, los museos de artilugios de la corona británica no eran de lo más interesante.

Tras unas dos horas en el castillo, cansados de mojarnos y pasar frío, nos fuimos a buscar algún sitio para comer y entrar en calor. El gorro de mi abrigo eliminaba mi visión periférica y a punto estuvo de costarme la vida o algo al cruzar una carretera por la que pasaba un taxi a toda hostia.

Bajamos por la Royal Mile y aprovechamos para comprar algunos regalos. Luego fuimos a comer a un restaurante italiano. La comida no estuvo mal, pero a la hora de pagar nos encabronamos cuando vimos que pretendían endosarnos un 10% de propina añadido cutremente en boli al final del recibo. Para arreglarlo, el dueño se encaró con nosotros, lo que le costó que no dejásemos un penique y un comentario destructivo en TripAdvisor. Soy turista pero no gilipollas.

Por la tarde, la lluvia continuaba, así que no nos quedó más remedio que volver al hostel a hacer una entretenida colada y dar por terminadas nuestras andanzas por Edimburgo.






I'll have another Guinness, please! Capítulo 12: Inverness - Edimburgo


27 de julio de 2011. Día 12.

CAPÍTULO DUODÉCIMO:
DESDE ARTHUR'S SEAT

Antes de las 7 de la mañana ya estábamos dejando el albergue. Con el frescor mañanero, caminamos hacia la estación de autobuses para viajar hacia nuestro siguiente destino, Edimburgo.

El viaje se pasó rápido, durmiendo casi todo el trayecto. Cerca de las 11 de la mañana llegábamos a la atractiva capital de Escocia. En la estación seguimos el modus operandi habitual e investigamos las posibilidades para ir a Cardiff para dos días después. Mas para nuestra desazón, el trayecto completo, transbordos incluidos, era de más de 12 horas y por unas 70 £ cada uno. Decidimos mirar más tarde opciones por tren.

Cogimos nuestras mochilas y nos fuimos por Princes St. a buscar nuestro hostel. Recorrimos la amplia avenida mientras contemplábamos el castillo y los atractivos edificios de Edimburgo. Llegamos al Caledonian Hostel al cabo de un rato. El albergue ocupaba todo un edificio, con murales y graffitis cubriendo todas las paredes y grandes zonas comunes. Creo que fue el mejor hostel de este viaje.

Miramos los trenes en internet, pero como sólo encontramos precios abusivos decidimos ir directamente a la estación a preguntar. Así que nuestra primera salida por la city de Edimburgo nos llevó a la estación de trenes de Waverley. Bajo la bóveda de cristal, esperamos una cola eterna, que finalmente mereció la pena, porque el tío que nos atendió se lo curró hasta encontrarnos los billetes más baratos vía Liverpool. Allí pasaríamos unas cuantas horas, ya que a Ruth le hacía mucha ilusión ver las historias de los Beatles.

Agradecimos al taquillero la ayuda prestada y nos fuimos a callejear para buscar algún sitio donde comer. Finalmente fue un Pizza Hut. Desde allí paseamos por los jardines de West Princes Street, abarrotados de gente que disfrutaba del excepcional día de sol.


Después nos dirigimos hacia la famosa Royal Mile, que recorrimos hacia el extremo este, pasando por la catedral de St. Giles y el Parlamento escocés hasta finalizar en el palacio de Holyroodhouse. Dimos una vuelta por la zona hasta Holyrood Park. Ruth se tumbó en el césped al sol mientras yo me dediqué a escalar hacia Arthur's Seat.





Subí a las bravas, sin camino, agarrándome a arbustos y comiendo barro. Cuando llegué arriba estaba sin respiración, pero las vistas de todo Edimburgo merecían muchísimo la pena. Tras un rato mirando desde la cima, bajé a reunirme de nuevo con Ruth.


Deshicimos el camino por Royal Mile, bordeando el castillo. Tendría que esperar hasta el día siguiente. Volvimos hacia el albergue entre el permanente sonido de los gaiteros que llenan las calles de Edimburgo.