martes, 3 de mayo de 2011

Arena en las botas, capítulo 08: Göreme


14 de Julio de 2010. Día 5. Parte II.

CAPÍTULO OCTAVO:
EL VALLE SOBRENATURAL

Llegamos a Göreme a eso de las 7 de la mañana. El autobús se detuvo a la entrada del pueblo, en unos aparcamientos que hacían las veces de estación.

Bajamos con nuestros bártulos y nos dirigimos hacia un pequeño chiringuito de información, a preguntar cómo llegar al albergue que habíamos reservado. El solícito encargado del puesto hizo una llamada de teléfono y en pocos minutos acudió Yasin, el dueño del hostel, a recogernos en su furgoneta.

En verdad el albergue no estaba nada lejos y llegamos al cabo de un minuto. Era uno de esos peculiares hostels-cueva que pueden encontrarse en Göreme. Llevaba el nombre del dueño, Yasin's Place. Nos ofrecieron unos cafés mientras esperábamos a que hicieran el checkout de una de las habitaciones, para entrar a dormir un poco.


Mientras tanto, preguntamos a Yasin por excursiones para realizar por la zona. Capadocia por nuestra cuenta y sin coche era inabarcable, por lo que habíamos decidido apuntarnos a algún tour. Realmente todas las agencias hacían las mismas dos rutas, el Green Tour y el Red Tour. Contratamos el segundo para la mañana siguiente.

Después de un par de tés charlando con Yasin, nos retiramos a nuestra cueva a descansar un rato. Despertamos al mediodía. Hicimos la colada y luego nos fuimos a deambular por el pequeño pueblo.

Göreme parecía de otro planeta. No tengo ganas ni tiempo de adentrarme en farragosas descripciones. Göreme es Göreme. Simplemente hay que conocerlo.



Fuimos hasta un pequeño restaurante kebab que aconsejaban en la guía, bastante económico. Nos refrescamos con unas cervezas y comí köfte, uno de los platos populares de Turquía.

Al cabo de un rato regresamos al hostel para evitar las horas de más calor. Ruth se echó la siesta mientras yo me entretuve anotando en el diario lo visto, acontecido o desvariado a lo largo de las últimas jornadas.

Más avanzada la tarde, salimos de nuevo a pasear por Göreme. Ascendimos por sus calles de adoquines, dirección a un mirador que nos había aconsejado Yasin. Tras serpentear calle arriba, llegamos a la cima de un promontorio. Desde allí contemplábamos el encantador pueblo y los valles circundantes.





Decidimos permanecer allá arriba hasta el atardecer. Y sin duda la idea mereció la pena. Con aquellas vistas no podía ser de otra manera. El sol descendió tras las montañas al tiempo que agradecimos la considerable bajada de temperatura. El cielo se tiñó de tonos rojizos y las sombras se alargaron tras las chimeneas de hadas. No podré olvidar el aspecto sobrenatural del valle bajo los últimos rayos del sol.


Unas frases mediocres no pueden hacerle justicia al paisaje que recuerdo. Y mis fotos de mierda tampoco.

Cuando el viento arreció, trayendo consigo la arena del entorno, y azotando con ésta nuestras asombradas jetas, resolvimos que era el momento de descender al pueblo. Las calles estaban vacías a excepción de algún vendedor de alfombras y algunos hombres que acudían a rezar a la mezquita.

Regresamos al albergue y nos preparamos unos sandwiches para cenar en la terraza. Después nos echamos una partida al Exploradores en la habitación-cueva y dormimos como si fuera la primera vez en años.